Biografía

Nestor Villegas Duque

Néstor, con su hermana Lu­cía, fue el producto del segun­do matrimonio de su señora madre doña Anita Duque y el señor Jesús Antonio Villegas. Antes había procreado doña Anita de su primer enlace a doña Carmen, ya fallecida, madre de nuestro distinguido amigo doctor Benjamín Gómez Duque y doña María, madre también de mi coterráneo y coetáneo don Miguel Naran­jo.

Oriundos de Salamina, fija­ron su residencia en Manzana­res, cuna de Néstor y tierra que él no olvida y en la que tiene puesta su ingénita sim­patía a pesar de la seriedad que su profesión le ha impreso amén de sus lecturas y estudios áridos de por sí y que no se compaginan con la ingenuidad de su carácter y lo festivo y ameno de su trato.

Talvez ni sus familiares pue­den hablar como lo hago yo de los primeros años de su vida, por la intimidad de relaciones que con él he tenido desde esa época ya lejana en que ajenos aJ porvenir pero arrastrados por la fuerza del destino pen­sábamos en ser HOMBRES pa­ra cumplir con nuestros debe­res de familia, ya que un sino fatal nos había arrebatado des­de la más tierna infancia a nuestros progenitores y éramos la cabeza de nuestros respecti­vos hogares con muchos debe­res para cumplir y ningunos haberes para explotar. Néstor frisa en la actualidad alrededor de media centuria, pero la fuerza de voluntad que siem­pre ha poseído y la filosofía volteriana con que siempre ha mirado la vida, han hecho que el tiempo no corra ni se haga visible en él, aparentando en la actualidad una juventud lo­zana y fresca, tanto en su cuerpo, como en su espíritu.

Posiblemente el muchacho que mayores simpatías desper­tó en Manzanares fue Néstor, por su carácter generoso, su don de gentes, su sencillez mo­derada, su abnegación sin lin­deros, su estoica miseria y su afecto familiar; bajo la dirección maternal de doña Anita se hizo hombre siendo un niño; con la misma facilidad y des­treza con que desempeñaba humildes menesteres domésticos, ocupaba también los primeros puestos en los bancos de la escuela regentada por E, Ospina y más tarde los del colegio de que fueron rectores don Alberto Calle, don Urbano Ruiz y don Francisco A. Monsalve. En esa época alternábamos en­tre el estudio, el encierro de las vacas .de leche, el cuido de las bestias y pequeñas operaciones comerciales los sábados, con Julio César Hoyos, con Al varo Jiménez y con Arturo Gómez Arango, y era así como los días de mercado al cantó de los gallos nos levantábamos y acudíamos presurosos a la plaza principal a tomar el puesto: para nuestras toldas, disputándolo a veteranos del negocio de sal envuelta por libras, cacao de don Jesús Atehortúa, arroz de Victoria y jabón dé la Hanseática de Barranquilla.

Cuántas sisas, cuánta agua vertida en los bultos de sal pa­ra hacerlos más pesados; cuán­to afán por atraer campesinos y endosarles nuestras mercade­rías y cuántos dolores también cuando los domingos hacíamos balance de nuestras operacio­nes y nos superábamos unos a otros en utilidades así adquiri­das.

Néstor ocupó después el puesto de portero escribiente del Juzgado de Circuito de Manzanares siendo magistrado de dicho Tribunal el altísimo poeta y gran político, preclaro orador e ilustre literato doctor Tobías Jiménez S., hijo del médico de ese entonces ilustre sonsoneño doctor Tobías Jimé­nez M. No he conversado con Néstor sobre este particular pero estoy convencido de que la formación intelectual y so­bre todo la filosófica principió a hacerse en éste al lado de TOBIANO, como familiarmen­te llamaban sus íntimos a nuestro Juez. Con dos denarios que por este trabajo recibía Néstor se modificó en mucho la peno­sa situación que atravesaban por entonces doña Anita y sus hijos, a pesar de que relativamente nada les faltaba a la sombra de don Pedro Nolasco, esposo de doña María. Pero Néstor no se conformaba en lo íntimo de su ser con estas po­siciones secundarias y abriga­ba la esperanza de hacerse hombre por sí mismo, útil a la familia y a la sociedad; con muy pocas economías y a la buena de Dios, un día cualquie­ra lío bártulos y llegó a Manizales a tocar en las puertas del Instituto Universitario en demanda de saber, allí estuvo, adelantó conocimientos, transmitió como alumno-profesor los que ya tenía hasta adquirir el título de bachiller.

Fue a Bogotá a recorrer el calvario de sus estudios profesionales y fue en esa época cuando dio de sí, dominando su voluntad y sobrellevando escaseces y miserias sin nombre, todo lo que era capaz de dar un temperamento como el suyo cuando existe el propósi­to firme de triunfar en la vida. Quisiera que otros hablasen por mí sobre la vida universi­taria de Néstor y diesen cuenta minuciosa de sus afanes y desvelos, al lado de sus compañeros de entonces, los prestigiosos médicos en la actualidad, doctores Demetrio Martínez Porras, boyacense; Juan B. Giraldo, huilense y Emiliano Laserna, también manzanareño. Volvió a Manzanares con su título de doctor en medicina y cirugía, y aquí obtuvo triunfos en el ejercicio de su profesión, triunfos que lo encumbraron más aún en el concepto de sus paisanos. No fue un explota­dor y sí un benefactor de quie­nes de sus conocimientos ha­bían menester. Dentro del san­tuario de su hogar, con la satisfacción del deber cumplido y del éxito alcanzado y en constante veneración para su madre que veía así compensados sus amores maternales, permaneció Néstor en su pueblo natal alrededor de cuatro años, pero ávido de mayores; conocimientos en su oficio se, fue a Europa y en las facultades de medicina de París y, Berlín investigó hasta captar los últimos adelantos de la medicina y de la cirugía especial­mente en las enfermedades de los niños, para radicarse posteriormente en Manizales, donde reside en la actualidad. El suelo le ha sido propicio y la Diosa Fortuna lo ha tenido de su mano y le ha premiado sus esfuerzos haciéndolo centro y: cabeza visible de un hogar en donde la Virtud y la sencillez residen.

Si en la juventud quiso espigar en los campos de la políti­ca, bien pronto su capacidad intelectual le demostró que no era allí donde debía actuar. No quiere esto decir que haya sido ajeno a las modalidades políticas del país y bien claro lo demostró cuando en la cam­paña electoral Suárez-Valencia, sostuvo en la plaza de Manza­nares las excelencias de este último candidato. Ya antes ha­bía demostrado también su in­conformidad desde la tribuna pública por la candidatura Concha secundada por el gene­ral Uribe Uribe como jefe del partido liberal, adhiriendo a la doctrinaria del doctor Lombana Barreneche; y retrocediendo un poco al través del tiempo bueno es recordar también su adhesión a la «Unión Republi­cana», en los albores de sus es­tudios universitarios, cuando Eduardo Santos, Alfonso Villegas Restrepo y Aquilino Vi- llegas, pugnaban por generalizar en el pueblo colombiano este movimiento político de tan efímera duración.

Más tarde, al iniciarse el régimen liberal en Colombia y bajo la presidencia del doctor Enrique Olaya Herrera, Néstor fue llamado urgentemente de Bogotá por este ilustre mandatario para exigirle el concurso de sus capacidades al frente de la gobernación de Caldas; pero ya éste había colgado desde muchos años atrás el bagaje de sus actividades políticas y rehusó este honor, que para él era un derecho y para el pueblo que lo vio nacer, su propia redención.

Que sirva la vida de Néstor como ejemplo a los jóvenes manzanareños que se inician en la carrera del estudio y que imiten de él lo que puede una voluntad bien dirigida y mejor organizada, cuando se tiene como meta de las aspiraciones el triunfo del hombre sobre los elementos que le son adversos

Roberto Ramírez Llano

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